Medieval monk in black and white robes holding an open book overlooking a walled city with a river and large cathedral

Una no-ciencia dependiente del lenguaje

Hay un momento histórico en el urbanismo, en los años 90, con el giro cultural y postmoderno ,en que la disciplina decide que su problema principal es de lenguaje. Que si las ciudades no funcionan es porque no las describimos bien, porque usamos categorías equivocadas, porque el mapa no captura correctamente la naturaleza del territorio…

Eso produjo una avalancha de conceptos nuevos: redes, flujos, nodos, territorialidades, paisajes relacionales, espacialidades emergentes. Cada uno intenta capturar algo que el lenguaje anterior no podía ver.

El problema es que el giro se detiene ahí. En el concepto. En la narrativa. En el nombre.

Pero… nombrar algo no es lo mismo que entenderlo. Mucho menos que intervenirlo.

 


Lo que la gente hace mientras tanto

Mientras el urbanismo elabora su vocabulario, la gente sigue construyendo y viviendo el territorio. Sin pedirle permiso a ningún concepto.

Una familia que vive en la periferia de una ciudad latinoamericana construye una lógica territorial extraordinariamente compleja:

  • Sabe exactamente qué ruta informal es más rápida que la oficial
  • Sabe en qué esquina se consigue trabajo temporal los martes
  • Sabe qué vecino tiene camioneta y cuándo va al mercado regional
  • Sabe que el río que el mapa marca como límite municipal es en realidad el centro de su vida cotidiana

Esa lógica es genuinamente no euclídea. Es discontinua, relacional, temporal, basada en vínculos y no en distancias. No respeta perímetros. No cabe en un Plan Urbanístico. No tiene nombre en ningún glosario académico.

Y sin embargo funciona. Tiene su propia coherencia. Su propia racionalidad. Es LÓGICA

Según el relato fundacional, era importante la base natural de la ciudad, y por ello le Torre de TV se levantaba sobre un espacio natural no accesible a los humanos, un símblo tecnológico puro. Pero ya en los años 80, la población de la periferia brasiliense llevó allí su mercadillo semanal. Hoy, es un espacio puramente urbano, una vulgar zona verde.

UN DOBLE FRACASO

El Estado

Llega con su instrumento — el plan, la norma, el catálogo de usos — y aplana esa lógica. No porque quiera destruirla, sino porque no tiene otro modo de verla. Sus instrumentos solo pueden registrar lo que tiene forma euclidiana: un polígono, un perímetro, una categoría de uso. Lo que no tiene esa forma, sencillamente no existe para el Estado.

Entonces reglamenta. Cataloga. Zonifica. Y en ese proceso convierte una red viva en una suma de puntos clasificados.

Eso no es producir espacio como diría Brenner. Es más simple y más brutal: es no poder ver, y actuar como si lo que no se ve, no existiera.

El urbanismo académico

Llega con su concepto — la red, el flujo, la territorialidad no euclidiana — y lo superpone sobre esa lógica. La describe desde afuera. La convierte en objeto de análisis. Le pone nombre.

Pero el nombre no es la cosa. Y aquí está el error que la escolástica Tomista permite identificar con precisión:

Para Tomás de Aquino, la verdad del intelecto humano se basa en la verdad de las cosas — adaequatio rei et intellectus. Wikipedia

El urbanismo académico contemporáneo invierte ese principio. No parte de la cosa para llegar al concepto. Parte del concepto y busca cosas que lo ilustren. Eso no es conocimiento — es confirmación de prejuicios teóricos.

Y cuando ese concepto se instrumentaliza — cuando el “distrito creativo” o el “corredor verde” o el “eje patrimonial” se convierte en política pública — lo que se implementa no es la lógica del territorio sino la lógica del concepto. Que puede ser elegante, coherente internamente, publicable en una revista indexada. Pero que no corresponde con nada que la gente que habita ese territorio reconozca como descripción de su experiencia.


La navaja de Ockham Urbanística

Guillermo de Ockham propuso no multiplicar los entes sin necesidad — una crítica directa al aparato conceptual escolástico que se había vuelto innecesariamente complejo. Wikifilosofia

Aplicado al urbanismo contemporáneo:

No multipliques los conceptos sin demostrar que corresponden con algo que el territorio hace por sí mismo.

Antes de hablar de flujos, verifica si hay flujo real. Antes de hablar de red, verifica si hay vínculos reales entre nodos reales. Antes de hablar de territorialidad no euclidiana, pregunta a quién, a qué práctica concreta, a qué comunidad específica, a qué lógica cotidiana verificable , te estás refiriendo.

Si no puedes responder eso, el concepto es ornamental. Es Baja Escolástica: argumento sobre argumento, comentario sobre comentario, sin retorno a la experiencia.

Una causa corriente de esta aberración es la definición de los problemas hecha únicamente desde fuera, así como la no identificación de las problemáticas sobre puntos concretos de la superficie terrestre. Si un problema no se puede asociar a un lugar, entonces ninguna urbanística podrá arreglarlo.

Para eso se ha desarrollado la Cartografía CUltural, que busca situar los problemas, los anhelos, las miserias incluso de una


Lo que Tomás de Aquino haría hoy

Esta es la pregunta especulativa que hace productiva la analogía:

Santo Tomás enfrentó dos tentaciones intelectuales equivalentes a las del urbanismo contemporáneo:

La primera era la teología dogmática que imponía verdades sin verificación racional — equivalente al Estado que impone normas sin verificación territorial.

La segunda era el nominalismo radical que construía sistemas lógicos sofisticados sin referente en la realidad — equivalente al urbanismo que produce conceptos sin referente en las prácticas territoriales concretas.

Su respuesta fue metodológica, no sustantiva. No propuso un contenido nuevo. Propuso una exigencia de rigor:

  • Todo universal debe emerger de particulares observados
  • Todo concepto debe poder retornar a la cosa y verificarse
  • Toda síntesis debe preservar la tensión entre los argumentos, no suprimirla

Eso es exactamente lo que le falta al urbanismo contemporáneo cuando habla de espacialidades no euclidianas:

La exigencia de que el concepto corresponda con algo que el territorio hace, que pueda verificarse en la práctica de sus habitantes, y que el instrumento que derive de ese concepto preserve, no destruya, la lógica que pretende gestionar.


EL ARGUMENTO PARA EL SEMINARIO ENTONCES

No es una crítica al seminario. Es una profundización de su propia pregunta:

El seminario pregunta cómo ir más allá del espacio estatal. Correcto. Pero hay que ir más allá también del espacio conceptual del urbanismo crítico, que tiene sus propios límites y sus propias cegueras.

Lo no euclidiano no es una categoría teórica que hay que aplicar. Es una práctica territorial que ya existe. La pregunta no es cómo producirlo sino cómo acompañarlo sin deformarlo.

Y para eso se necesita una epistemología más honesta que la que el urbanismo contemporáneo tiene. Una que exija adecuación entre concepto y cosa. Que parta de lo que la gente hace, no de lo que los teóricos nombran. Que produzca instrumentos que la gente reconozca como descripción de su propia lógica, no como imposición de una lógica ajena.

Eso es tomismo aplicado al urbanismo. No como contenido medieval sino como disciplina del pensamiento frente a la inflación de narrativas que caracteriza nuestra disciplina hoy.

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